10.03.07

- ¿Qué hacer en momentos de incertidumbre?

Publicado en - Extracto del día a 10:25 pm por Miguel Ángel Torres González

En resumen, la meta de cualquier inversor es acercarse lo más posible a la predicción de un futuro desconocido, con la finalidad de obtener el máximo provecho de predicciones que nos procurarán mayores beneficios cuanto más acertadas sean.

Si el futuro económico fuera conocido con certeza, no existirían ocasiones de inversión, todos invertiríamos en función de esos pronósticos y la rentabilidad sería uniforme y la misma para todos. Es precisamente la incertidumbre del futuro desconocido la que da lugar a la existencia de oportunidades que los inversores más avezados aprovechan para obtener las rentabilidades más jugosas para su inversión.

Incluso haciendo los análisis más complejos y ortodoxos, no es posible librarse de acontecimientos inesperados que constantemente acechan a los mercados financieros; la sorpresa es ineludible y consustancial a la inversión, y quien se crea capaz de adivinar el futuro sólo se engaña a sí mismo. La incertidumbre es al mismo tiempo aliada y enemiga del inversor, ya que si no existiera no habría riesgo ni oportunidades, el rendimiento de todas las inversiones sería predecible y tomar decisiones de inversión un acto muy simple. Hasta el análisis más sofisticado no puede predecir el factor más influyente en las subidas y bajadas bursátiles: las decisiones de comprar o vender acciones son el resultado de procesos mentales impredecibles que sólo son explicables desde la psicología de masas, y que pueden llevar las acciones a precios absolutamente ilógicos tanto por exceso producto de la euforia colectiva, como por defecto en el caso de oleadas de pánico colectivo.

Invertir es arriesgado, y las conclusiones a las que nos lleven nuestros análisis sólo a posteriori se confirmarán como acertadas o equivocadas en función de los beneficios o pérdidas que nos aporten. Aunque actualmente existen herramientas muy potentes y sofisticadas que tratan de rentabilizar la incertidumbre futura, nunca conseguirá eliminarse totalmente. El inversor sensato deberá, por tanto, gestionar esa incertidumbre y ser capaz de amortiguar la sorpresa con agilidad, adelantándose en sus decisiones de inversión a la mayoría de los inversores.

El principal enemigo de la inversión somos nosotros mismos cuando invertimos o desinvertimos azuzados por la prepotencia del que se cree adivino, o cuando el ambiente colectivo de euforia o de pánico nos arrastra hacia decisiones precipitadas y que, a la postre, se demuestran como erróneas.

El sentido común es la más valiosa herramienta del inversor. Todo lo demás, …

(extracto del libro de próxima publicación del autor del blog. Fecha de publicación: noviembre de 2007).