09.16.07

- La incertidumbre golpea a la bolsa.

Publicado en - Extracto del día a 10:24 pm por Miguel Ángel Torres González

Los inversores en Bolsa tememos sobremanera a la inflación, porque su descontrol suele conducir a que los Bancos Centrales traten de controlarla subiendo el precio del dinero, que conduce casi irremediablemente a la reducción de los beneficios empresariales por la doble vía de contención del consumo y del aumento de los gastos financieros de las empresas.

Pero tan temible como la inflación, y más dañina que ella, es la incertidumbre. El dinero, aun el más arriesgado, busca entornos estables en los que ese futuro siempre imprevisible sea al menos predecible en cierta medida. Pero la incertidumbre lo empaña todo y deja al inversor paralizado a la espera de su resolución. El temor a las consecuencias de factores desconocidos que periódicamente golpean el mundo han supuesto casi siempre los mayores descalabros bursátiles, de forma que cuando esa incertidumbre se resuelve, sea en el sentido que sea, los mercados respiran aliviados y retoman su dinámica habitual en función de las expectativas que el nuevo panorama aporta.

 El mejor ejemplo de ello son los periodos prebélicos, en los que los inversores se repliegan hasta ven en qué acaba la situación, y a menudo responden con subidas espectaculares aun cuando los hechos conduzcan a la peor situación imaginable, la declaración de una guerra. El ejemplo más reciente es el de marzo de 2003, cuando el mercado arrastraba tres largos años bajistas y de pronto, el inicio de la Guerra de Irak supuso el punto de inflexión que dio comienzo a una fase alcista en la bolsa que aún no ha sido dado por finalizado.

La incertidumbre actual, generada por la desconfianza producida en torno a la solvencia del sistema financiero, está pasando factura; nos tememos lo peor, y como siempre que ocurre esto, pagan justos por pecadores, adueñándose el pánico de una situación que vista desde lejos es poco comprensible. Si bien es cierto que aún no sabemos las consecuencias de todo esto, no es lógico que el mercado penalice indiscriminadamente a todo lo que huela a construcción, inmobiliarias y bancos como si todos tuvieran cercano su final.

Para el inversor largoplacista, con horizonte temporal de varios años para su inversión, momentos como estos se convierten en oportunidades de inversión. Ahora, más que nunca, es preciso separar el grano de la paja, apelar a la lógica y al sentido común. Las ineficiencias del mercado dan lugar a las mejores oportunidades para el que se arriesga y, en contra del ambiente, es capaz de detectar las empresas infravaloradas que sufren la corrección generalizada del mercado de una forma injusta y exagerada.

El sector financiero es especialmente sensible a estas locuras colectivas, y más ahora que es el eje de la situación. En 1998, con la crisis rusa, los principales bancos españoles cayeron hasta un 50% en dos meses, …, pero en poco tiempo, al recobrar la confianza, retomaron su senda alcista y recuperaron su valor.

Aunque nos parezca que el castigo que están sufriendo es desmesurado, “sólo” han caído un 20% desde el momento en que las “subprimes” nos metieron a todos el miedo en el cuerpo; es decir, si nos guiamos por series históricas aún pueden caer más, o no, pero se están poniendo a unos precios en que vender no parece ser un buen negocio.

Todo el mundo lo sabe, pero no todos pueden retener sus acciones y por eso las malvenden. Quien tiene necesidad de liquidez y no puede tirar de otro sitio, vende las acciones de los bancos para salir del paso. Es como el que, estando hipotecado, no puede hacer frente al recibo de su hipoteca; antes de ser embargado, malvende la casa para librarse de las deudas. Muchos fondos de inversión altamente especulativos, e inversores apalancados están teniendo el mismo problema, y se ven forzados a vender, pero saben que el precio al que venden es bajo, muy bajo, pero no pueden aguantar su falta de liquidez.

En octubre se empezará a conocer en qué medida las “subprimes” afectan al negocio bancario, y entonces veremos recuperaciones fulgurantes en aquellas entidades que apenas se hayan visto afectadas. Los que mantengan la calma, los que no se dejen llevar por el pánico, serán los ganadores. Y los que en un acto de arrojo se atrevan a comprar a estos precios, lo harán convencidos de ganar; eso sí, se cargarán de paciencia, alomejor de varios años de paciencia, pero la recompensa merecerá la pena.

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