09.28.07

- ¿Subirá la bolsa durante el cuarto trimestre?

Publicado en - Extracto del día a 12:23 am por Miguel Ángel Torres González

Las dos últimas semanas del trimestre están siendo muy dulces para los inversores, como si el riesgo asociado a la crisis del sector bancario ya fuera historia. Y sin ser el panorama como lo hemos llegado a discernir en los peores momentos, desde luego que seguirá trayendo cola y dando sustos; las crisis de liquidez siempre han sido muy dañinas para la bolsa y de no restablecerse pronto la confianza empezaremos a ver cómo se deterioran los beneficios y las expectativas no sólo de las empresas financieras, ya que la restricción del crédito puede dar al traste con la viabilidad de nuevos proyectos de inversión.

Pero los últimos acontecimientos en relación con el apoyo incondicional de los bancos centrales al mercado, unidos al cierre de trimestre en el que siempre se tratan de maquillar los resultados para la publicación de resultados, han supuesto un importante rebote para las cotizaciones bursátiles, sobre todo para las que recibieron un castigo inmerecido.

Y a partir de ahora, pues permítanme exponerles mi opinión en función de diversas apreciaciones:

El último trimestre del año suele ser el más alcista, y como el posible deterioro en la publicación de resultados no será aún muy evidente en los datos que se publicarán a partir de octubre, pues es probable que continúe la tendencia alcista.

El próximo año hay elecciones en Estados Unidos, y también en España, y en anteriores ocasiones la bolsa subió hasta en un 75% de las veces. Las malas noticias se retrasan, en la medida de lo posible, hasta realizados los comicios.

El optimismo de los medios de comunicación y de las autoridades tratando de transmitir calma a los mercados, está funcionando. Pero es ésta un arma de doble filo, pues si bien es cierto que la economía sigue yendo bastante bien, también lo es que la bolsa siempre se anticipa a la economía real y aún no tenemos certeza de las repercusiones finales de la crisis de liquidez en que nos encontramos ni cuando se solucionará.

Si la economía mundial sigue creciendo al ritmo que lo está haciendo, las posibilidades de que continúe el ciclo alcista son muchas. Habrá que estar atentos a las próximas publicaciones de estimaciones de crecimiento de los PIB.

Como siempre, incertidumbre y más incertidumbre, y donde hay una de cal viene detrás una de arena.

Personalmente no soy pesimista para los próximos seis meses, pero el ciclo está muy maduro. La típica traca final de los ciclos alcistas no se ha producido aún, pero es que no siempre aparece en todos los ciclos.

Yo empezaría a desconfiar si de pronto todo el mundo se olvida de los problemas, si la prensa y los gobiernos vuelven a imponer un optimismo generalizado y desmedido y las acciones aceleran la subida de su cotización. Si eso no se ve correspondido con un aumento de los próximos beneficios empresariales que se publiquen, empezaría a hacer las maletas, …

Es sólo mi humilde opinión.

09.24.07

- ¿Se acaba el ciclo alcista? ¿Hay que vender las acciones?

Publicado en - Extracto del día a 2:14 am por Miguel Ángel Torres González

Si se acaba el ciclo alcista, que nadie lo sabe con certeza, bajarán casi todas las acciones, por lo que en ese caso lo más sensato sería vender y refugiarse en depósitos o activos de renta fija a corto plazo mientras dure la fase bajista.

Pero puede no acabarse aún, y aun cuando todo empiece a bajar, la misma incertidumbre existirá acerca del momento de volver a entrar en bolsa. Salirse supone un coste de oportunidad importante y tener que hacer frente a gastos de comisiones e impuestos por plusvalías.

Incluso en caso de pensar que la bolsa va para abajo, cabe dos opciones: la de vender, como hemos mencionado, o la de refugiarse en valores de calidad, valores defensivos que tengan garantizado su beneficio y repartan dividendos importantes. Esta segunda opción es muy seguida por inversores largoplacistas, y no les falta razón, pues revisando series históricas podemos comprobar que una cartera diseñada de esa manera puede mantenerse en positivo si consideramos los retornos por dividendos.

En situaciones como la actual, reflexione acerca del siguiente texto, recogido del libro que en unas semanas publicará el autor del blog, antes de actuar:

“La identificación de tendencias puede proporcionarle excelentes revalorizaciones en sus inversiones, pero la probabilidad de predecirlas es francamente baja. La mayoría de los inversores que lo han intentado, y han obrado en función de sus expectativas, no han conseguido revalorizaciones sustancialmente mayores que aquellos otros inversores que compran acciones de calidad cuando están infravaloradas y las mantienen mientras las expectativas de beneficios (BPA) se mantengan crecientes. No obstante, a los inversores de corto plazo no les sirve esta estrategia, ya veremos más adelante en qué se basan para tomar sus decisiones de inversión.

Los diferentes sectores de actividad tienen una velocidad y un momento distintos en su revalorización o depreciación bursátil. Así, aunque no siempre se reproducen de forma idéntica, los sectores cíclicos y de consumo (inmobiliarias, papeleras, automovilísticas, materias primas) suelen ser los últimos que se revalorizan en una fase alcista, y los sectores defensivos (alimentación, farmacia, etc.) los que menos sufren en las fases bajistas.”

09.18.07

- Locuras colectivas: la euforia y el pánico inversor.

Publicado en - Extracto del día a 9:07 pm por Miguel Ángel Torres González

Las pautas de comportamientos de masas basados en la euforia y el pánico explican gran parte de los movimientos bursátiles que desde la macroeconomía (la situación general de la economía de un país, la que reflejan sus grandes cifras) y desde la microeconomía (la situación financiera de una empresa concreta) no son lógicos y por tanto no se pueden entender. El ambiente bursátil es contagioso y es muy difícil sustraerse a él. Es muy difícil mantener la cabeza fría y actuar en sentido contrario a la mayoría, la inercia del mercado acaba arrastrando a casi todos los inversores. Por ello, el inversor largoplacista, que espera obtener rentabilidades a varios años vista, debe alejarse del bombardeo diario de noticias y no conviene que siga la evolución de las cotizaciones minuto a minuto; es la única forma de conseguir una visión del mercado más global y relajada, que es lo más aconsejable para su estrategia y para sus intereses. Seguir muy de cerca el mercado sólo es conveniente para la especulación, que opera en plazos menores con una estrategia no basada en el análisis fundamental sino en la propia inercia del mercado y en las tendencias cortoplacistas con altibajos frecuentes que no responden a criterios fundamentales de solidez de las empresas en las que invierten. Como la mayoría de los medios de comunicación financiera van dirigidos a estos inversores que operan a diario, y son las noticias inesperadas las que más venden por influir a diario en las cotizaciones, muchos inversores no se plantean que si su estrategia es largoplacista la mayoría de estas noticias son irrelevantes; y las acciones subirán y bajarán porque todo influye en el ánimo de los inversores, pero que a la larga los precios de las acciones tienden a situarse donde está su precio objetivo, que es el que se deduce del análisis de sus variables financieras y de los beneficios que obtiene. El exceso de información debido a los nuevos canales de comunicación telemática, facilitando al público general información hasta hace pocos años reservada a los profesionales, tiene mucho que ver en la paulatina conversión de miles de inversores largoplacistas en cortoplacistas compulsivos que operan cada vez con mayor frecuencia.

Deducir de todo esto que una vez que se compran unas acciones hay que desentenderse absolutamente de su evolución es otro error, …

(Extracto del libro de próxima publicación del autor del blog)

09.16.07

- La incertidumbre golpea a la bolsa.

Publicado en - Extracto del día a 10:24 pm por Miguel Ángel Torres González

Los inversores en Bolsa tememos sobremanera a la inflación, porque su descontrol suele conducir a que los Bancos Centrales traten de controlarla subiendo el precio del dinero, que conduce casi irremediablemente a la reducción de los beneficios empresariales por la doble vía de contención del consumo y del aumento de los gastos financieros de las empresas.

Pero tan temible como la inflación, y más dañina que ella, es la incertidumbre. El dinero, aun el más arriesgado, busca entornos estables en los que ese futuro siempre imprevisible sea al menos predecible en cierta medida. Pero la incertidumbre lo empaña todo y deja al inversor paralizado a la espera de su resolución. El temor a las consecuencias de factores desconocidos que periódicamente golpean el mundo han supuesto casi siempre los mayores descalabros bursátiles, de forma que cuando esa incertidumbre se resuelve, sea en el sentido que sea, los mercados respiran aliviados y retoman su dinámica habitual en función de las expectativas que el nuevo panorama aporta.

 El mejor ejemplo de ello son los periodos prebélicos, en los que los inversores se repliegan hasta ven en qué acaba la situación, y a menudo responden con subidas espectaculares aun cuando los hechos conduzcan a la peor situación imaginable, la declaración de una guerra. El ejemplo más reciente es el de marzo de 2003, cuando el mercado arrastraba tres largos años bajistas y de pronto, el inicio de la Guerra de Irak supuso el punto de inflexión que dio comienzo a una fase alcista en la bolsa que aún no ha sido dado por finalizado.

La incertidumbre actual, generada por la desconfianza producida en torno a la solvencia del sistema financiero, está pasando factura; nos tememos lo peor, y como siempre que ocurre esto, pagan justos por pecadores, adueñándose el pánico de una situación que vista desde lejos es poco comprensible. Si bien es cierto que aún no sabemos las consecuencias de todo esto, no es lógico que el mercado penalice indiscriminadamente a todo lo que huela a construcción, inmobiliarias y bancos como si todos tuvieran cercano su final.

Para el inversor largoplacista, con horizonte temporal de varios años para su inversión, momentos como estos se convierten en oportunidades de inversión. Ahora, más que nunca, es preciso separar el grano de la paja, apelar a la lógica y al sentido común. Las ineficiencias del mercado dan lugar a las mejores oportunidades para el que se arriesga y, en contra del ambiente, es capaz de detectar las empresas infravaloradas que sufren la corrección generalizada del mercado de una forma injusta y exagerada.

El sector financiero es especialmente sensible a estas locuras colectivas, y más ahora que es el eje de la situación. En 1998, con la crisis rusa, los principales bancos españoles cayeron hasta un 50% en dos meses, …, pero en poco tiempo, al recobrar la confianza, retomaron su senda alcista y recuperaron su valor.

Aunque nos parezca que el castigo que están sufriendo es desmesurado, “sólo” han caído un 20% desde el momento en que las “subprimes” nos metieron a todos el miedo en el cuerpo; es decir, si nos guiamos por series históricas aún pueden caer más, o no, pero se están poniendo a unos precios en que vender no parece ser un buen negocio.

Todo el mundo lo sabe, pero no todos pueden retener sus acciones y por eso las malvenden. Quien tiene necesidad de liquidez y no puede tirar de otro sitio, vende las acciones de los bancos para salir del paso. Es como el que, estando hipotecado, no puede hacer frente al recibo de su hipoteca; antes de ser embargado, malvende la casa para librarse de las deudas. Muchos fondos de inversión altamente especulativos, e inversores apalancados están teniendo el mismo problema, y se ven forzados a vender, pero saben que el precio al que venden es bajo, muy bajo, pero no pueden aguantar su falta de liquidez.

En octubre se empezará a conocer en qué medida las “subprimes” afectan al negocio bancario, y entonces veremos recuperaciones fulgurantes en aquellas entidades que apenas se hayan visto afectadas. Los que mantengan la calma, los que no se dejen llevar por el pánico, serán los ganadores. Y los que en un acto de arrojo se atrevan a comprar a estos precios, lo harán convencidos de ganar; eso sí, se cargarán de paciencia, alomejor de varios años de paciencia, pero la recompensa merecerá la pena.

09.13.07

- La calle del muro y el aleteo de la mariposa

Publicado en - Detalles curiosos en torno a la inversión, - Extracto del día a 5:24 am por Miguel Ángel Torres González

¿Sabe por qué la calle donde reside la bolsa más famosa del mundo se llama Wall Street?, y ¿Qué quiere decir eso de que el aleteo de una mariposa en Japón puede provocar un terremoto en el Caribe?:

Wall Street, que traducido quiere decir “calle del muro”, es donde está la bolsa neoyorquina. Esta estrecha calle del bajo Manhattan al este de Broadway y cuesta abajo del East River, es donde los colonos holandeses que fundaron la ciudad construyeron un muro para defenderse de la piratería del lucrativo comercio de pieles que existía en “Nueva Amsterdam” (esa ciudad fue de dominio holandés en el siglo XVII) antes de llamarse Nueva York. El muro fue derribado, pero el nombre de la calle rememora su existencia.

Los aleteos de las mariposas, tan suaves, pueden tener consecuencias impredecibles al otro lado del mundo, pues circula la teoría de que “el aleteo de una mariposa en Tokio puede producir en el futuro una tormenta en el Caribe” (Edward Lorenz, 1963).

Es el “efecto mariposa”, una teoría matemática elaborada para tratar de demostrar que cualquier elemento que forme parte de un sistema puede comportarse de forma que dé lugar a unas consecuencias impredecibles a primera vista, aunque sus componentes estén regidos por las clásicas leyes naturales. Describió esta teoría para considerarla en las predicciones metereológicas, y los inversores lo aplicamos para prevenirnos y no ser cogidos por sorpresa antes cambios en cualquier lugar del mundo que puedan hacer fluctuar el valor de los activos financieros.

(Extracto del libro de próxima publicación del autor de este blog)

09.09.07

- ¿Hay pánico en la bolsa?

Publicado en - Extracto del día a 9:31 pm por Miguel Ángel Torres González

El inversor particular, que a menudo desconoce el ciclo bursátil,  suele invertir a destiempo siguiendo un movimiento de masas de forma que compra acciones cuando la bolsa es noticia precisamente porque se producen movimientos de euforia alcista producidos por un optimismo desmedido. La envidia y la avaricia juegan aquí en contra del incauto que quiere subirse a un carro alcista pensando que seguirá indefinidamente subiendo. Los medios de comunicación informan de las espectaculares subidas bursátiles, generando una sensación irreal de que todo seguirá subiendo y no hay quien se resista a comprar, sobre todo cuando hasta el vecino o un compañero de trabajo nos dice lo que está ganando en la bolsa.

Cuando llega el pánico, las acciones están realmente muy baratas, ilógicamente, y la gran masa de pequeños inversores entra en pánico, y vende irracionalmente a cualquier precio tratando de salvar los muebles.

La figura extrema de inversor que comete todas las imprudencias posibles se parece mucho al jugador ludópata que acaba arruinado porque compra por impulso acciones de empresas de las que no ha oído hablar nunca, simplemente porque han subido mucho, y las acaba vendiendo en los desplomes que se producen en momentos de pánico; además, no realiza ningún tipo de análisis y no es disciplinado ni sigue ninguna estrategia definida, no aprende de sus errores, se fía de todos los rumores, y actúa siempre emocionalmente. En la bolsa han ocurrido siempre movimientos extremos de euforia y pánico, como ya documenta el gran físico descubridor de la fuerza de la gravedad: “Puedo calcular la trayectoria de los cuerpos celestes al milímetro y al segundo, pero es imposible saber hasta dónde puede llevar el curso de una cotización una masa de inversores enloquecida” (Isaac Newton).

(Extracto del libro de próxima publicación del autor del blog).

La duda es si actualmente el pánico que estamos sufriendo en bolsa con los valores financieros a causa del riesgo de crédito y de la crisis de confianza desencadenado por las hipotecas americanas de alto riesgo, y si esto supone que el ciclo se ha acabado y entramos en una fase bajista.

En primer lugar, el pánico típico de las fases bajistas suele ocurrir al final, tras varios meses, y a veces más de un año, de bajadas contínuas de las cotizaciones. Por tanto, este pánico tiene una causa conocida, y desaparecerá en la medida que la confianza se recupere y se conozcan exactamente las dimensiones de esta crisis. Su resolución podría derivar en una recuperación de sentido alcista, aunque por el camino quedarán seriamente dañadas algunas empresas. La alternancia de días de pánico y otros de subidas, nos indica además que no se está produciendo una capitulación vendedora, y para los largoplacistas se están empezando a presentar auténticas oportunidades de inversión.

No doy consejos de inversión, entre otras cosas porque no vivo de ello. Pero precisamente en este momento no pienso vender mis acciones. Tampoco compraré hasta que el panorama se aclare, pero deshacerse ahora de acciones de bancos europeos sólidos que tienen un PER entre 7 y 10, francamente me parece regalar las acciones. Otra cosa es si cuando se empiecen a publicar resultados del tercer trimestre, vemos que el beneficio peligra, y que por tanto el PER sube hasta dejar caras las acciones.

Los valores refugio son ahora valores tecnológicos, telecomunicaciones, y en general empresas poco endeudadas. En el caso español, Indra y Telefónica han demostrado el mejor comportamiento capeando este temporal (en el caso de Telefónica, aunque está muy endeudada, acaba de renegociar su deuda a buenos precios y su generación de caja minora el riesgo de crédito que pudiera tener). Para inversores con mucho estómago, entre los que me cuento por seguir estrategias de la opinión contraria, es momento de ir preparando liquidez para entrar en valores castigados, entre los que se encuentran los mayores bancos españoles, para el momento en que el panorama se despeje y se puedan comprar a precio de saldo acciones con un futuro muy prometedor y que esta situación, casi con seguridad, no va a cambiar.

09.04.07

- Alcistas y bajistas. Bull y Bear. El ambiente bursátil.

Publicado en - Detalles curiosos en torno a la inversión, - Extracto del día a 6:32 pm por Miguel Ángel Torres González

El sentimiento general del mercado se decanta unas veces hacia el optimismo, en que el sentir general de los inversores es alcista, y otras hacia el pesimismo, en que el ambiente se vuelve bajista y los inversores suelen permanecer al margen del mercado porque creen que las acciones bajarán. En Wall Street hablan de “bull” (toro) y de “bear” (oso) para referirse, respectivamente, al ambiente alcista y bajista. Conozca de dónde vienen estos curiosos términos:

En Wall Street llaman bull (toro) a los inversores alcistas (creen que el mercado subirá) y bear (oso) a los bajistas (los que creen que las acciones bajarán). Los inversores más ambiciosos, si creen que el mercado bajará, no se conforman con vender sus acciones, y tratan de beneficiarse de la situación operando “a crédito”. Operar a crédito es un producto de ingeniería financiera que permite vender a crédito acciones que no se tienen, con pacto de recompra posterior; si las acciones efectivamente bajan, es un buen negocio, y viene a cuento del dicho popular que habla de “vender la piel del oso antes de cazarlo”. En España decimos que un inversor “se pone corto” cuando opera de esa manera.

El toro, “bull” en inglés, representa a los inversores alcistas. El toro embiste de abajo hacia arriba, levantando así a su presa; es lo que desean los alcistas que compran acciones, que suban con la misma fuerza y velocidad que el desdichado que sufre la embestida.

Y saben lo que ocurre cuando predomina claramente un ambiente sobre el otro?

Si ganan los “Bulls”, los alcistas, la bolsa tiene más probabilidades de bajar, ya que si la mayoría de inversores cree que la bolsa va a subir, estarán invertidos, hasta que haya tanto tanto optimismo que todos estén comprados (se dice estar comprado o estar invertido cuando uno tiene su dinero invertido); si ya todos son optimistas y están comprados, …. nadie más comprará por muy contentos y optimistas que estén los inversores. A partir de ese momento, toca bajar.

Si el ambiente es pesimista, ganan los “Bears”, con lo que tendrán su dinero en liquidez pensando comprar más barato cuando la bolsa baje. Pero si todo el mundo está en liquidez y sólo los largoplacistas están invertidos, esos no van a vender. Y la bolsa acabará subiendo.

Nada es lo que parece … pero los profesionales, que lo saben, suelen operar a la contra del optimismo y del pesimismo. El límite lo fijan el el 75%:

- Si más del 75% son optimistas: toca vender.
- Entre 25% y 75%: ambiente neutro. Este parámetro no nos sirve como señal para operar.
- Si más del 75% son pesimistas: a comprar a saco antes de que se acaben las acciones.

(Extracto del libro de próxima publicación del autor del blog)

09.02.07

- Vuelta a la normalidad, las “subprimes” y el precio del pollo.

Publicado en - Extracto del día a 9:33 pm por Miguel Ángel Torres González

Aunque para los bolsistas no ha sido precisamente un verano tranquilo, les deseo a todos que hayan vuelto con la energía necesaria para encarar este último cuatrimestre del año que va a ser apasionante para los mercados bursátiles.

 La situación provocada por las crisis de las hipotecas subprime en los Estados Unidos, nos ha mantenido en vilo por la elevada volatilidad que ha imprimido a los mercados y la desconfianza que ha generado en el mundo entero. Se esperan con expectación los resultados empresariales del tercer trimestre, para ver en qué medida esta situación va a repercutir sobre los beneficios, y por tanto sobre las cotizaciones bursátiles. Personalmente creo que ésta será una crisis pasajera, de la que se hable mucho y que dejará algunos cadáveres en el camino, pero que no tendrá una repercusión importante para los que invertimos con un horizonte temporal de largo plazo. Las crisis financieras del sudeste asiático en 1997 o la suspensión de pagos de la deuda rusa en 1998, son un precedente similar que provocó bajadas bursátiles importantes pero que se recuperaron en muy poco tiempo. La principal diferencia respecto a esas situaciones es que aún no conocemos la extensión del problema, pero la salida al rescate de bancos centrales y gobiernos parece, al menos de momento, haber sido oportuna y capaz de amortiguar la situación.

 Opino que desde hoy mismo hay otro asunto al que deberemos prestar cuando menos la misma atención que a las subprimes, pues sus repercusiones sí pueden ser mayores y condicionar el devenir futuro de la economía. Se trata del importante incremento de la inflación que va a suponer sobre los precios de muchos alimentos la subida de la “materia prima” con que se abastece la industria cárnica. La subida de los cereales debida a la mayor demanda inducida por la fabricación de biocarburantes ya dio su primera señal de alarma con el descontento social ocurrido en México a partir del aumento de precio de las tortillas de maíz. El pan, el pollo y otros productos básicos de la cesta de la compra ya son más caros debido a esta situación.

 Como bien sabemos, la inflación es muy negativa para la bolsa, pues tras ella se esconde la casi segura subida de los tipos de interés, y eso las acciones lo acusan casi siempre con bajadas importantes. Pero no se trata de una inflación por presión de la demanda, que es en la que la subida de tipos de interés resulta una medida efectiva. La inflación que sufriremos ahora se deriva por subida de los costes de producción de carne, y ahí una subida de tipos puede causar más daño que beneficio.

 

 Ocurre que esta inflación de factores de producción se suma al encarecimiento de otra materia prima fundamental, el petróleo. Hasta ahora respirábamos tranquilos porque parece ser que la economía ya no es tan sensible a la cotización del crudo por disfrutar de una mayor eficiencia energética que cuando se produjeron las crisis petrolíferas de los 70 y los 80 que dejaron la economía, y la bolsa, por los suelos.

 En resumen, inflación que puede descontrolarse, pero con pocas posibilidades de que se suban los tipos de interés. Esto descarta bajadas bruscas en las acciones, pero no dejará de tener su efecto en la medida en que los beneficios empresariales van a verse afectados a medio plazo. No estoy hablando de vender ya las acciones, pero sí de estar muy atentos a comprobar si los beneficios empresariales empiezan a deteriorarse; en ese caso, una reasignación de activos en el sentido de reducir el peso de la renta variable, o al menos de no comprar acciones durante un tiempo, es una medida sensata para inversores largoplacistas.

 Los que, como yo, a pesar de todo pensamos que la bolsa es la mejor inversión posible a largo plazo, buscaremos empresas solventes en las que refugiarnos, tratando de acertar con aquellas que se vean menos afectadas por esta situación. Los más valientes, además, pueden irse fijando ya en el sector financiero; la actual crisis de confianza está detectando ya una infravaloración considerable de sus acciones. Al final, si el terremoto subprime no es tan importante, debe empezar a corregirse su cotización hacia unos precios más acordes con sus beneficios.

 Otros asuntos importantes, siempre desde ese horizonte temporal lejano, son que estamos en año preelectoral, en los que la bolsa suele subir, y nos encaminamos hacia el invierno, que estadísticamente tampoco es malo para las cotizaciones. La de arena, en este caso, es que cinco años de bolsa alcista pesan mucho, … Atención, pues, a la próxima publicación de beneficios empresariales a partir de octubre. Yo, hasta entonces, me quedaré quietecito, los mercados laterales no son para nosotros. Mientras tanto, a mis sufridos lectores trataré de entretenerles con algunas curiosidades del mundo de la bolsa; distraerse en otra cosa es lo mejor que podemos hacer cuando el mercado no tiene una tendencia clara.