05.22.07

- Endeudarse para invertir

Publicado en - Extracto del día a 1:20 am por Miguel Ángel Torres González

La posibilidad de endeudarse para comprar una vivienda está en la mente de casi todos los españoles que carecen de ella y no pueden pagarla a tocateja (que no puede casi nadie). Endeudarse para comprar un coche también es habitual y a casi nadie le extraña. Incluso, pedir un préstamo para financiarse unas vacaciones de ensueño es bastante frecuente.

A nivel empresarial, los créditos para emprender una actividad profesional o empresarial son tan frecuentes como los hipotecarios, concentrando en muchos casos el riesgo financiero del crédito junto al riesgo personal del trabajo y el esfuerzo que será necesario para hacer rentable el negocio.

Pero endeudarse para realizar inversiones financieras ya no es tan común, incluso se llega a considerar un loco a quién lo hace por la presunción de elevadísimo riesgo que asume. Pues sí y no, hay tantos puntos de vista y tantos aspectos a considerar en este tema, que a nadie le falta razón cuando opina acerca de ello. Probablemente endeudarse para especular en derivados (o incluso en bolsa directa a cortísimo plazo) suponga un riesgo tan elevado que casi nadie quiera aceptar. O endeudarse de forma que no existe garantía de devolución cómoda del crédito aunque sea a partir de otros ingresos recurrentes de que disponga el inversor.

Pero endeudarse para comprar acciones en determinadas condiciones, es un fabuloso negocio si coinciden una serie de características. Imagínese, … Imagínese que la bolsa ha caído durante tres años seguidos (como ocurría en octubre de 2002); imagínese que los tipos de interés son tan bajos que están incluso por debajo de la inflación y se pueden conseguir créditos o préstamos al 3% (como pasaba ese mismo verano si se optaba por un préstamo hipotecario); imagínese que su perfil es de inversor de largo plazo y que sabe que la bolsa, como todo en la vida, es cíclico y que la probabilidad estadística de que la bolsa empiece a subir es cada día más alta porque siempre ha sido así; imagínese que sus ingresos recurrentes, que además provienen de un sueldo fijo y en principio indefinido, le inyectan un excedente mensual apreciable y que en el peor de los casos suscribe un crédito para comprar acciones que temporalmente siguen bajando pero que nunca tendrá que vender porque hizo los cálculos para pagar la cuota con su excedente salarial. Imagínese que su perfil largoplacista pero conservador le anima a invertir en empresas sólidas, con beneficios recurrentes, que reparten dividendos, y que diversifica adecuadamente.

Si se endeuda de esa forma, puede llegar a ganar mucho dinero. Siga imaginando, … Si en ese momento disponía Vd. de 100.000 euros y los invirtió en bolsa simplemente siguiendo un índice como el Ibex, hoy tendría casi 300.000 euros. Pero si además hubiera solicitado un préstamo hipotecario (¡Cómo que qué locura rehipotecar la casa para comprar acciones!), que entonces se lo cobraban a poco más del 3%, por otros 100.000 euros, pensando amortizarlo en diez años por si las cosas se torcieran, y hubiera tenido la sensatez de no dejarse vencer por la avaricia y hubiera hecho amortizaciones anticipadas, hoy tendría además otros 150.000 euros libres de polvo y paja (perdón, después de pagar todo tipo de comisiones e intereses). Es decir, y hablando en pesetas que uno se hace mejor idea de lo rico o pobre que es, sus poco más de 16 millones de hace cuatro años y medio hoy serían, … ¡cielos! 75 millones de pesetas.

Y ahora deje de imaginar, porque esa oportunidad la tendrá dos, como máximo tres veces en la vida, y una la ha dejado pasar. Pero esté atento, haga números, vea si es capaz de asumir ese riesgo, y espere a la próxima, que llegará. Eso sí, tardará varios años; y desde luego, yo no le recomendaría hacerlo ahora que la bolsa está en máximos históricos, que los tipos de interés están subiendo, y que cuando todo es tan maravilloso en la bolsa como ahora es, siempre, cuando nadie sabe porqué, sin avisos, vienen las vacas flacas y sí, a largo plazo siempre se gana, pero arriesgar y padecer insomnio para que las plusvalías las disfruten los nietos, pues como que no mola. Que nadie deduzca que estoy pronosticando que el ciclo se acaba, pero coincidirá conmigo en que ahora hay más posibilidades que en 2002 de que la bolsa aminore el ritmo, que dé bandazos, o que empiece a bajar.

Tenga paciencia, espere unos años, y verá cómo no es tan difícil detectar de nuevo esa oportunidad.